Hay que empezar por delinearlo para que no se confunda con cualquier cosa, expandido en lo infinito como hasta ahora vivía. Así tendrá un adentro y un afuera.
Luego, hay que hacerle un corazón, es decir, una válvula esponjosa que divida el tiempo en dilatación y recogimiento, para que día y noche también en él se sucedan. Las ondas que se extiendan en forma de hilos tendremos que urdirlas con cuidado hasta tejer todo su interior.
Forma y sangre no bastan para ponerse de pie, solamente las algas se conforman con eso. Con un poco de arena y fuego, moldeamos su cuerno, y lo ponemos en el hocico trazado. Digno y brillante, la vanidad le va precisando debajo de su rostro un rostro más duro: calavera.
Su cuerpo leve se rellena entonces de un orgullo graso que debemos saber repartir a tiempo. Es necesario unos pies robustos para sostener esta nube pesada que aún no bosteza. En este punto debe parecer un globo aerostático relleno de gelatina con una punta aguda y nacarada. Esperemos el esqueleto que quiere cristalizar.
Podemos aguardar ahuyentado miedos como moscas e ir nombrando lo que hasta ahora es hipótesis: uñas, falanges, escápula, esternón. Aunque las palabras no bastan si no hay convicción de existencia, nada tiene dimensión si no lo invocamos.
Firme y fibrosa, su columna se va ordenando y, con delicadeza, extiende una telaraña de costillas que protegen las bolsas de sangre y bilis que el corazón ha ido creando.
Si entonces nuestra bestia ciega se pone de pie ha llegado el momento de partirle los huesos para articularlo y que así pueda doblar patas con rodillas y cabeza con cuello. Dos gotas de saliva iluminarán ojos y cúmulos de filamentos cubrirán sus líneas hasta abundar en cuero.
Introduzcamos dos dedos en el hocico para formar las ventanas de la nariz y dos en sus orejas para las fosas auditivas. Para hacer un rinoceronte hay que tener mucha fuerza y entereza, pues una vez que entra y sale de él el agua y el aire, el hambre y la sed, debemos correr prestos a la copa de un árbol o morir arrastrados.
Para hacer un rinoceronte hay que tener un árbol cerca.
Para hacer un rinoceronte hay que correr el riesgo de morir arrollado por tu animal.