¿Te acuerdas cuando me acompañabas
en aquel sitio, donde iba a esconderme?
¿Lo que hablábamos, cuánto hablábamos, lejos de todos,
cerca de la grama y las hormigas
- y en medio de la ciudad universitaria-
fuera de foco,
justo abajo del marco de una ventana?
Te dije,
la vida, no sé, Kael,
es levantarse, hacer la comida
despertar a los niños,
ponerles la ropa
todo en tupperwares metido en bolsos
bocas abiertas, cepillos de dientes
autobús, dinero, pago
-se abrieron los potes y chorrea la comida-
buscar sitio entre la arena,
la toalla, el bronceador, las peleas
- el niño tragó agua, la nena desespera-
para luego deshacer todo lo que nunca fue hecho
y decir,
fuimos hoy a la playa
No hay que preguntarse
¿la pasamos bien?
porque no estuvimos tanto en la playa
sino en esa serie de pasos
que la vida,
como una oficina estatal
nos obliga a cumplimentar
Me desanimaba la narrativa de las cosas
- pedía el instante leve, la epifanía-
Entonces lo leí en Houellebecq
- él le pone otro nombre, y de paso en francés-
"chaîne causale"
esta cadena de la que he venido hablando.
Hoy iré a verlo
-al Houellebecq-
y como en una seguidilla
debo antes buscar mi cédula,
-me parece que la he perdido-
comprar un paraguas
-el día está lluvioso-
subir en metro, bajar a pie
encontrarme con el jefe, el de antes, con la otra con aquél
y pedirle al Michel un instante leve
(desencadenad-me).
Suerte que ya no pienso como entonces.
Hace pocos años que no tengo que esconderme,
(en la otra universidad mi escondite era alto y solitario,
ya no estabas tú)
y disfruto de la crónica antojada del día a día
porque basta abrir los ojos para ver
que algo nos espera para sorprendernos
Como en el último viaje a la playa
que justo cuando te dejo de querer
vuelvo a quererte cuando
pumba
vas y te desmayas.