domingo, mayo 24, 2009

VI

-¡Mamita, mira la foto! es como ese perrito de la panadería-


-Sí, Paupita, venga te alzo y la ves-


Y la mamita la arrancó, Paupita estaba muy llorona desde que le había subido la fiebre, no quería molestarla más y la calle estaba llena de las fotos esas. El perro del desconocido era de otro, le explicaba a su hija, el perrito se había perdido y ahora buscaban a su dueño.


Paula abría los ojos y no dejaba de preguntar. ¿Cómo se perdió? Se escapó de su casa. ¿Por qué haría eso? Quizá... quería tener una aventura. ¿Por qué? Para... para conocer gente nueva. ¿Y por qué lo querían devolver? Porque él no era el dueño. ¿Y por qué no volvía solo? Había perdido la dirección, a ver, ¿cuál es tu dirección?
Calle de las gaivotas,
- Gaviotas Paupi-
gaviotas, edificio Vistazul, piso 3-B.



Por la acera contraria venía Marisela despeinada, sin sostén, viendo su reflejo en los vidrios del banco. Cristina la saludó, pues no le quedaba de otra. A veces le daba pereza reencontrarse con sus compañeras de universidad con las que pasó cinco años sin tener nada qué decirse. No entendía cómo en 5 minutos recuperarían las palabras perdidas.


-Cristina, mujer, qué hermosa está tu beba- y le acarició el cabello a Paula, que se escondió apoyando la cabeza en el hombro de la mamá, nariz con cuello, mientras se tapaba el ojo con la foto de Octavio. A Marisela le dió ganas de pellizcarla, pero sonrió juguetona, mientras Cristina hacía un esfuerzo para acomodar ese peso muerto en que se convertía Paula cuando no quería nada con nadie.


-Sí, está bella mi gorda, ha estado enfermita, y- dijo mientras la subía- muy grandota para andar en brazos. ¿Cómo has estado tú, Mari?-


(¿Bien?¿mal? ¿No sabe, no contesta?) Pero prefirió:


- Bien, Cris, aquí, moviéndome con varios proyectos de arte, y trabajando mucho en casa. Un poco agobiada con el calor que está haciendo, pero muy bien. ¿Tú? ¿buscandole el hermanito?-


(Venganza menor.)


- No, qué va, por ahora no. Será más adelante...- Y llega Clem a saludar a Marisela y Cristina que carga a una niña que se tapa con la foto del perro.


-No, no es mío, Sasha sí. Yo le conté al Joaquin, es que me lo conseguí en la calle y me he dado a la tarea de buscar al dueño. No, no me lo puedo quedar, con la boxer tengo suficiente, aunque se llevan bien. - Clem veía a Marisela y de reojo a la foto de Octavio en las manos de la niña. De su bracito el cuello de la madre, del cuello el cabello y del cabello los ojos. Era muy bajita, parecía una niña que cargaba a otra niña.


- Cristina, mucho gusto. Ella es Paulita, mi hija y qué pena pero me pidió la foto, quedó encantada con el perrito y me la pidió. Ahora no dice nada porque anda penosa y de paso le da miedo la boxer. Paupi, ven y lo tocas conmigo, ¿quieres?

Paupita comienza a llorar y llorar y llorar. Cristina la alza, la mueva, la baja y decide despedirse. Marisela y Clem se quedan un rato más hablando, y ella se entera del plan que tienen hoy ellos, el Joaco y Clem, donde no parece caber ella.

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